Luch tomó la cabina de Boris y demostró por qué es un auténtico maestro del minimal y el techno. Con grooves profundos y una presión constante en cada beat, construyó un set que atrapó a la pista en un viaje hipnótico de principio a fin.
Sus
transiciones precisas y su capacidad para jugar con la
tensión y la liberación mantuvieron al público pendiente de cada detalle, generando una conexión intensa y sostenida durante toda la noche.